Lectura 10: Campos de fresas, de Jordi Sierra i Fabra.

Volvemos con la narrativa realista, en este caso con el título Campos de fresas, cuyo autor es Jordi Sierra i Fabra. Al igual que con No pidas sardina fuera de temporada, esta novela también al releí hace relativamente poco y puedo asegurar que es tan compleja como hermosa y profunda por el mensaje que busca transmitir.



Si pasamos a hablar sobre su autor, Jordi Sierra i Fabra, nació en Barcelona el 26 de julio de 1947 y cabe mencionar que debutó profesionalmente en la música, y fue uno de los fundadores del programa de Cadena Ser "El Gran Musical"; y en 1970 abandonó la escuela para convertirse en músico, lo que le permitió viajar por el mundo con grupos y artistas de su tiempo para cubrir sus actuaciones y escribir reportajes al respecto.


A su vez, fue uno de los fundadores de la revista Super Pop en 1977, dedicada a la industria musical. En 1978 dimitió como director de Disco Express y quedó finalista de los Premios Planeta de Novela. Su dedicación a la literatura aumentó desde ese momento. 

En 1981 ganó el Premio Gran Angular de Literatura Infantil por El cazador, y lo repitió dos años después con ...En un lugar llamado Tierra. Volvió a hacerse con este premio en 1990 gracias a El último set. A lo largo de su trayectoria ha obtenido numerosos galardones, como el Premio El Barco de Vapor de literatura infantil (2010), el Ateneo de Sevilla en 1979, Premio Edebé de Literatura Infantil (1993) y el de Literatura Juvenil (2006), el Premio A la Orilla del Viento de México (1999) y el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2007 junto con el Premio Cervantes Chico en 2011, entre otros muchos.


El cazador


...En un lugar llamado Tierra


El último set

Jordi Sierra enseñó extensamente sobre educación infantil y juvenil, y su obra sigue creciendo aún hoy en escuelas, bibliotecas y otras instituciones de España y Latinoamérica. Cuenta con la Fundación Jordi Sierra i Fabra, creada con el objetivo de fomentar la alfabetización entre los más jóvenes, que desde 2006 premia a jóvenes escritores con el premio literario que lleva su nombre. 

Volviendo con la reseña del libro en sí, se nos presenta como una novela narrada en tercera persona y segmentada en capítulos más o menos de escasa extensión; de forma que en cada uno de ellos se pone el foco de atención en uno o varios personajes diferentes, por lo que podemos indagar más en su vida personal, sus "fantasmas propios" y su reacción ante el estado de la que podríamos decir es el eje vertebrador de toda la trama, Luciana, una joven que a causa de consumir una droga estando de fiesta con sus amigos ha caído en un estado de coma. Así, se nos cuentan las acciones de su novio Santi; los amigos que estuvieron con Luciana de fiesta en el momento de consumir la droga; el doctor que la atiende; un reportero que quiere estudiar el caso de Luciana; un investigador que busca encontrar el sujeto que distribuyó la droga a los jóvenes de fiesta, etc. De estas, la "subhistoria" que más me gustó fue la de Loreto, una chica que padece bulimia. En cada uno de los capítulos en los que se aborda a este personaje se contempla la evolución en la lucha contra su enfermedad: mientras que al principio ni siquiera se esforzaba para retener la comida, finalmente lo logra tras una gran pelea "consigo misma".

Si he optado por compartir en mi blog de lecturas Campos de fresas es porque no solamente la historia que ofrece a los lectores, sino su trasfondo, buscan remitir a un hecho que aún habiendo sido publicado este libro en 1997 sigue persistiendo en nuestros días: el consumo de sustancias estupefacientes por parte de menores de edad. A medida que vamos avanzando entre las páginas de esta obra el autor incita a la reflexionar constantemente acerca de cómo la vida de un individuo joven, una chica en este caso, está a punto de apagarse a causa de consumir "éxtasis", una de esas drogas de diseño. El sufrimiento ocasionado a sus familiares y seres queridos no se hace de esperar, pues no pueden más que observar impotentes a su hija, hermana o novia tumbada en una cama de hospital en estado comatoso y manteniendo siempre la esperanza, esperanza en que en algún momento despertará. Invito a todas las personas que en este momento están leyendo la reseña de este libro a imaginar que nuestro hermano o hermana, joven, en la flor de la vida; se halla en el límite entre la vida y la muerte, y si su vida se apaga, también lo harán sus sueños, esperanzas e ilusiones de toda la vida que le quedaría aún por disfrutar, y lo único que nos dicen los doctores es que tengamos paciencia y confiemos en que en algún momento despertará.

Este precisamente es el aspecto que más recalco de Campos de fresas, su conflicto con las drogas de diseño y el acceso a esas sustancias por parte de la juventud. Como reiteré previamente, este tema aún está presente en la actualidad a pesar de haber pasado 25 años desde la publicación de la novela. Por eso este libro "ha envejecido bien", presenta una temática que fue objeto de debate y repercusión durante mucho tiempo y hoy día aún daría de que hablar, sin tener en cuenta otras situaciones difíciles que nos acontecen. 

El autor retrata con crudeza las repercusiones de las drogas de diseño y la falta de escrúpulos de las personas que las venden a menores y no piensan en ningún momento en las repercusiones, con la mentalidad de "mientras la policía no me atrape, no pasará nada". Por supuesto la seriedad siempre está presente y lo considero adecuado, no cabe la comedia en una obra así. Cada capítulo representa una hora concreta, empezando la historia con la caída en coma de Luciana y finalizando con su despertar.

Destaco además el modo en que el autor simboliza el coma de Luciana: a través de una partida de ajedrez, su afición. Mientras que al principio solo puede escuchar a aquellos que la rodean sin apenas mover un dedo; en el desenlace se representa su "lucha con la muerte" a través de una partida de ajedrez. Esta metáfora, en lo personal, me encantó. Finalmente, Luciana gana su partida, abriendo sus ojos y finalizando así la historia.

En la relectura que realicé recientemente pude tomar conciencia y reflexionar más detenidamente acerca de la juventud y lo que hacen; hacemos solo para quedar bien ante los demás, incluso tomar una droga para que no te tachen de "soso". Un tema con el que sin duda muchos de los lectores pueden sentirse identificados, el evitar ir contracorriente solo para encajar.

Si tengo que añadir algún aspecto del libro que no haya sido de mi agrado, es la fragmentación de la historia que puede hacer que a veces se pierda el hilo de la lectura si no se conserva la atención, pero es un aspecto menor.

Esta lectura la asocio fácilmente al libro Pupila de águila de Alfredo Gómez Cerdá, debido a varias razones: su temática seria ambientada en la realidad, su estilo narrativo en tercera persona, su carácter juvenil y el drama que la azota en todo momento; especialmente por la evolución y el trasfondo profundo de sus protagonistas y todas las penurias que han de pasar. Este libro lo leí hace un tiempo y también lo recomiendo. 


Pupila de águila


En conclusión, Campos de fresas se trata de una lectura altamente recomendable aún en nuestra edad para tomar conciencia de la realidad; pero sobre todo, de la ignorancia que puede llegar a rodear a a algunos jóvenes. En el libro muchas se veces se recalca que dichos jóvenes se juegan la salud por nada, para encajar con los amigos; al mismo tiempo que se reflejan muy claramente las consecuencias de dicha ignorancia. Es una lectura amena al mismo tiempo que compleja donde es muy fácil empatizar y ponerse en situación con la historia narrada y las dificultades de todos y cada uno de sus personajes. No obstante, no es muy adecuada para el ámbito de la Educación Primario debido a que trata temas algo duros para esas edades. 

BIBLIOGRAFÍA:

i Fabra, J. S. (2005). Jordi Sierra I Fabra. Turtleback Books.


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